La importancia de contemplar lo cotidiano

Hoy vengo a hablar del cine ambiental, y no concrétamente de películas sobre el medio ambiente, sino sobre ese cine contemplativo, lento, que invita a la reflexión, a sentir, a admirar lo que generalmente ignoramos en las películas más “mainstream” y en la vida en general. Hoy en día, valorado por los círculos de premios europeos (y algunos americanos) gracias a los últimos Cannes y festivales como Venecia o Gijón, hasta hace un tiempo era incomprendido por los críticos, y aún hoy en día sigue siendo “cine raro” para muchos que no se declaran cinéfilos. Así que, quizá por su naturaleza o quizá por su lejanía del cine más popular, este tipo de películas quedan relegadas a un público más reducido, pero no por ello, a un público más intelectual, que es el error que se suele cometer al valorar estas películas.
Películas como las de Weerasethakul, Lisandro Alonso, Winding Refn o Kelly Reichardt serán lentas, pero para nada “intelectuales” en el sentido despectivo con el que se suele utilizar esta palabra. Si, son filmes que por su ritmo, por su falta de género y por la falta de una narrativa con el típico introducción-nudo- desenlace se alejan del cine de Hollywood, pero no por ello son menos importantes. Ninguno trata ningún tema complejo, sino todo lo contrario, tratan sobre la vida en general, sobre lo pesada de ésta en ocasiones, sobre como nuestras actitudes, nuestra personalidad y nuestros actos influyen en la vida cotidiana del día a día, que probablemente no notemos, pero que está, y que si se convierte en relevante cuando vemos una película como éstas. Algunas tienen metáforas, como “Síndromes y un Siglo”, de Weerasethakul, pero son mensajes que no buscan imponer, sino mostrar. Algunas no tienen más secreto que lo que vemos, como el cine de Alonso o “Wendy y Lucy” de Kelly Reichardt. De todas formas es un cine con un ritmo lento, un uso de la música ambiental, filmes con la sensación de que flotan en el aire, películas en las que vemos solo un momento de la vida de los personajes, a veces sin final, a veces sin un principio claro. Una visión a la vida de los personajes tan solo limitada por la duración del metraje.
Quizá por eso estas películas enfadan a mucha gente (que no todos, no generalizo). El hecho de no poder evadirse con el cine de Van Sant o el ya mentado Alonso, aparta al público casual del concepto equívoco que se tiene de “cine”. Estas películas nos sumen en una realidad áspera, que no deja lugar a sorpresas irreales, a giros repentinos, a segundas oportunidades. Quizá la frase más escuchada en las críticas a estas películas sea “no pasa nada”. Pero esto es un error por dos razones. La primera, porque está claro que no pasa nada en estas películas, porque representan la cotidianidad, eso que vivimos todos los días, esa rutina que esperamos que se rompa, esas nimiedades que forman el conjunto de lo que es un día, un mes, un año para nosotros. La vida, vamos. Y la segunda es que es un error pensar que no pasa nada en estos filmes. Las imágenes suelen tener fuerza, el silencio es un arma potente y la rutina puede dar mucho que hablar. Esas nimiedades son importantes, por más pequeñas que parezcan. Como en un puzzle, cada ficha importa. Esto se habrá dicho dedicado a películas de intriga, a thrillers, pero también se puede aplicar a este tipo de cine. Cuando en “Síndromes y un Siglo”, de Apichatpong Weerasethakul, una doctora entrevista a un tipo que quiere entrar a trabajar, cada palabra importa, tanto las de él como las de ella, y cada imagen de su cara, también importa. Él, con sus palabras, dice ser un hombre divertido, que hace reír a la gente, pero su cara y posteriores escenas en las que lo vemos declararse a una mujer o lo vemos hacer su trabajo, nos muestran que es un hombre aburrido. Esto es un rompecabezas, todo importa. La diferencia con el concepto de “puzzle” que se tiene en los thrillers, películas de intriga, etc. es que allí importa el resultado, el rompecabezas acabado. Aquí lo más seguro es que no acabe, y si acaba, no importa ese resultado. Las fichas son lo más relevante. Y he aquí lo más bello de este tipo de películas.
Escrito por Federico Van Cibeira