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Para que no me olvides

  • American Reunion (Jon Hurwitz & Hayden Schlossberg, 2012)

En la magnífica “Forgetting Sarah Marshall” (Nicholas Stoller, 2008), el personaje protagonista interpretado por Jason Segel señalaba: “a mí lo que me gusta es llegar a conocer a una persona”. Ésta sincera afirmación chocaría totalmente con la mentalidad de los protagonistas (y los espectadores?) de la saga “American Pie”, aunque muchas veces al final estos personajes se den a esa máxima. Y quizás, “American Reunion”, 4ª parte “real” de esta franquicia (no contaremos todas esas “secuelas” realizadas entre medias) es la que, de manera más sincera y adulta, desarrolla ese concepto.

Es Kevin (interpretado por Thomas Ian Nicholas), el personaje que da validez dramática a la historia y que une todo lo demás, a pesar de su (tristemente) valor secundario en la película. Es en el momento en que se encuentra con su antigua novia (Tara Reid), en que él y nosotros entramos en el territorio del miedo a volver al pasado, el miedo a ser feliz de la manera más sincera posible. Los recuerdos, casi siempre mas hermosos que el presente. Mientras tanto, las otras relaciones vagan por la película (entre gags erotico-festivos más o menos acertados), caminando hacía la habitual moralidad final en el que todos/as son felices en su (injusta/falsa) madurez.

La nostalgia, entre diversiones juveniles y cargos de conciencia, le otorga a “American Reunion” un valor sentimental especial (acercándola al territorio Apatow, o a la fenomenal y muy superior “Superbad” de Greg Mottola), a pesar de que esa misma nostalgia parece resultar en gran parte del metraje una mera excusa para dar validez a su propuesta (algo similar a lo que pasaba con la última secuela de la saga Scream). Aún así, esto no elimina el atractivo de una película tan apreciable como ésta.

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Sitges 2012

http://sitgesfilmfestival.com

http://sitgesfilmfestival.com/cat/noticies/?id=1003094

Interesante selección para Sitges. Lo nuevo de David Cronenberg "Cosmópolis" (en la foto), me apetece mucho tras su anterior y magnífica película “A Dangerous Method”. Muy esperada también "Holy motors", el retorno de Leox Carax tras su paso por Cannes. Además de Tsui Hark, Jennifer Lynch, Sam Raimi, entre otros, todos ellos en la sección oficial.

Y en las secciones paralelas tenemos desde lo último de Guy Maddin ("Keyhole") o Takashi Miike ("For Love’s Sake") a la incursión en el cine de animación del director de “La fille sur le pont”, el francés Patrice Leconte.

Pinta muy interesante esta nueva edición de Sitges, allí estaremos para seguir el festival!.

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Bonitos créditos iniciales para "The Deadly Companions" (1961), primer largometraje de Sam Peckinpah. Una película infravalorada y muy interesante, con su espíritu de serie b, su sencilla y hermosa historia, y con una pareja de protagonistas impecable (Brian Keith y la fordiana Maureen O’Hara en uno de sus últimos papeles importantes). Buen inicio.

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  • El corazón del bosque (Manuel Gutiérrez Aragón, 1979)
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REVIVIR, RECORDAR, REFLEXIONAR

  • RR (James Benning, 2007)

Si tuviese que afrontar la que para mi es la mejor película de ese poco conocido pero importante artista que es James Benning, tendría que dividirla en el aspecto técnico y en el aspecto sentimental. Estoy hablando de la preciosa “RR”, una película que nos muestra 43 planos fijos sobre trenes, tanto de pasajeros como comerciales, pasando por múltiples lugares de los Estados Unidos. Planos situados en el lugar correcto, hermosos, con vías cortando por la mitad la imagen, trenes yendo y viniendo por diferentes lugares dentro de los diferentes planos, como si existiese una perfección casi matemática durante todo el film. Ese aspecto técnico, referente a la composición de planos, de los sonidos aparecidos durante toda la película, es perfecto. La tensión creada al esperar que el tren aparezca, o que el plano cambie, construye el filme. El hecho de que Benning (aquí firmando simplemente como JB) se mueva por todo el país en busca de trenes, nos crea la expectación de cual sera el próximo lugar adonde el director nos lleve. Todo esto hace que la película, como documental que es, no se haga aburrida, a pesar de que al principio pensemos lo contrario.

Es necesario destacar como los planos comienzan sin tren, y acaban sin tren, reforzando la idea de que éstos son los que controlan la película, los que señalan donde empieza y donde finaliza el plano. Porque ellos son los protagonistas de la “historia”. Pero no de la historia como la conocemos en el cine, con una introducción, un nudo y un desenlace. Sino de la historia del país, de como es necesario recordar un pasatiempo antiguo como el de mirar trenes pasar, cuando la televisión, la radio y demás aparatos eléctricos útiles para el entretenimiento, hoy en día tan insertados en nuestra sociedad. Es necesario recordar este pasatiempo para que reflexionemos sobre como nos entretenemos hoy en día, sobre como en el pasado lo que sorprendía era ver estos trenes, y como ahora el entretenimiento (en los medios de comunicación) no muestra tanta libertad, y es utilizado como arma para controlar la sociedad.

Pero no hay que confundirse, su intención no es conservadora. Al mismo tiempo que nos recuerda y homenajea ese pasatiempo, admite la decadencia de esos trenes, de esas vías y de esos pueblos. Al menos yo, observo como Benning admite el paso del tiempo y no reniega de éste. Por eso la película nos sirve para evadirnos un momento, y volver a esa época donde mirar trenes era todo el entretenimiento que la gente de esos pueblos tenía. Benning también admite que las maquinas cortan esa preciosa naturaleza que inunda los planos del film, alterando la tranquilidad, como si de una metáfora de la actitud del hombre se tratase.

Sin embargo, lo que me parece que hace especial a esta película, es algo más simple y más natural, lejos de las pretensiones que la película pueda tener. Este film, lamentablemente desconocido, y visto por poca gente (como toda la obra de James Benning más o menos), hace que yo me fascine por ese pasatiempo. Que disfrute de la misma manera que esas personas olvidadas en el tiempo de ese momento de evasión, que me sumerja en la naturaleza que Benning enseña. Y eso es lo que hace grande a “RR”.

Escrito por Federico Van Cibeira

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Dialogo

  • Desert Hearts (Donna Deitch, 1985)

Película totalmente desconocida para mí hasta hace unas pocas semanas, "Desert Hearts" (titulada aquí "Media hora más contigo"), con premios en Sundance y Locarno, de la directora norteamericana Donna Deitch (con pocos largometrajes más en su haber, más allá de diversos telefilmes y un sinfín de colaboraciones en
series de TV).

Filme sorprendente en su naturalidad y respeto por sus personajes, con un clasicismo en su puesta en escena más cercano al cine de la época representada en la película (los años ‘50) que a una película supuestamente “independiente” (maldito adjetivo) de su año (1985). Con algunos travellings fenomenales, como ese que nos muestra a las protagonistas en un paseo por ese desierto del título en el inicio de su romance (un plano casi de western fordiano). Este relación amorosa se nos muestra desde una distancia prudencial, salpicada por el habitual y genérico (aunque mínimo y quizás, necesario) drama social. Los prejuicios del entorno. "Desert Hearts" triunfa eliminando los tópicos, sin necesidad de explotar el carácter “polémico” de la relación y sin hacer apología de ningún tipo. Una escena para el recuerdo: el encuentro sexual de las dos mujeres en el hotel; una escena de sexo romántico, hermosa, humana, emocionante, sin caer en lo burdo y el morbo fácil. Una sorpresa.

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Amor inmortal

  • Vanessa in the Garden (Clint Eastwood, 1985)

Quizás sea “Vanessa in the Garden” uno de los Eastwood mas hermosos que haya podido ver hasta el momento (y me da la sensación que muy poco recordado). Realizada el mismo año que “Pale Rider”, entre “Sudden Impact” y “Heartbreak Ridge”, por lo que imagino que en ese momento, al lado estas películas, mucho más “agresivas”, debió de resultar más que sorprendente. Esos claroscuros tan propios de Eastwood aquí adquieren una dimensión sobrenatural, fantasmal (nunca mejor dicho). Hay una emoción y una empatía especial con el protagonista (fenomenal Harvey Keitel), una manera de filmar concisa (tan sólo veinte minutos, perfectos todos ellos), una complicidad absoluta con la historia. Un bello poema de amor. De amor hacia una muerta. Como ese final de resonancias Hitchcockianas (“Vértigo”, otra vez) que adquiere una dimensión poética enorme, de un romanticismo desgarrador, en que el pintor y su mujer (de negro, más fantasmagórica que nunca) huyen, de este mundo hacia el otro, o viceversa, quién sabe. Pero no tiene importancia. Ahora siempre estarán juntos.

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